2019

No todos los año nuevo son iguales.
Algunos fueron muy nostálgicos, llorando, mirando los fuegos artificiales pensando en algo, en alguien.
Este año lo empecé abrazando a todos los que amo, al menos a los que estaban cerca.
Hay gente que amo que está lejos, pero eso nos pasa a todos, no?
No pensé en mis muertos, esos que llevo siempre conmigo y que son la manera de mantenerlos en este plano.
No pensé en los que tengo lejos, en los que amo pero no estaba viendo.
Sólo sentí alegría, pasé una buena noche, simple, con amor y risas.

Entre el Campari, y el karaoke, se hicieron las 4am.
Y ya en ese momento tenía que dormir.

Las sensaciones no aparecieron todas juntas sino hasta el día siguiente.
En el que me sentí observada, festejada, y después boludeada.

La risa de los demás no duele, pero sí duele tener que estar defendiéndose.

No quiero estar atrás de justificaciones para que mis gustos no seas criticados. Pasar mi tiempo pensando cómo hablar de lo que quiero, lo que me gusta, lo que me emociona. 
No creo que eso les importe.
No hay preguntas de interés por el otro, no de la manera convencional.

La familia que uno no puede elegir es la que pesa cuando hacen que tu propia vida se vea ridícula porque no entienden la sensibilidad, la vulnerabilidad.
Lo que es animarse a hacer algo propio, totalmente propio y después mostrarlo.



Crecer insegura de una misma es complicado.
 Te hace dudar de todo lo que hacés, de las decisiones que tenés que tomar con alegría y determinación.
Como persona, me hizo estar en un estado constante de defensiva. Como mujer, me hizo ser agradable y sonriente para gustar.

Sinceramente, váyanse todos a la mierda.

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